| El valor del amor y del perdón | Entre Líneas |
¿Qué es lo que motiva a Dios a perdonar las iniquidades del hombre? ¡El amor!, ¡El amor y nada más que el amor! En efecto, esa es la respuesta contundente a las interrogantes de quienes se preguntan con insistencia qué es el hombre para que Dios aún lo visite en sus días y tenga misericordia de él pese a sus muchos pecados. Por amor, el hombre tiene una gran importancia para Dios, de ahí la razón el cual lo hizo apenas un poco menor que los ángeles. El amor fue lo que accionó el perdón en el corazón de Dios. Por amor el rey de reyes hizo pactos con Noé y prolongó la supervivencia de la humanidad; y por amor, Jesús aceptó ir al calvario con una cruz a cuestas. En el momento del gran sacrificio Jesucristo clamó el perdón de pecados. No pidió perdón para él. Dio su vida y clamó perdón para el hombre; para que los pecados de este fueran perdonados y pudieran hallar gracia delante del padre, quien promete así otorgarle vida eterna a los pecadores redimidos por la sangre preciosa derramada en la cruz del calvario. Qué cosas maravillosas puede hacer el amor. Cuan impactante es este sentimiento puro para constituir el perdón, para dar paso a la salvación, porque el que es perdonado es salvo. De ahí que el que pide perdón halla el amor antes que cualquier otra cosa, amor para perdurar en la vida, amor para sanar su corazón, amor para el perdón de sus pecados. Porque el perdón restaura, cambia, transforma, significa aliento de vida. También el que perdona sufre una metamorfosis inmediata, se libera del odio, de los resentimientos, de las enfermedades que queman y envenenan su corazón. Sana sus heridas, obtiene la oportunidad de anidar nuevas esperanzas con nuevas expectativas de vida. Fortalece su visión. Pero el que no ha recibido el perdón y nunca lo ha experimentado en su vida; aquel que no ha sido capaz de perdonar; esa persona sobrevive como los árboles viejos que ya están huecos por dentro y próximos a ser derribados. Sobreviven, pero no viven y sobrevivir no es vivir dignamente. El que no ha tenido la humildad para reconocer su necesidad y no se ha sacudido de la soberbia en una actitud humilde para pedir perdón, su corazón desconoce de los signos vitales que engendra el amor cuando penetra por los poros, por la piel y una vez adentro, ¡Estalla¡. El que estaba muerte, revive. De ese nivel es el perdón que Dios impuso. Por eso el que desconoce del efecto vital que genera el perdón nunca sabrá a ciencia cierta del efecto vital que genera el amor, y por lo tanto esa persona jamás sentirá cómo se derrama el espíritu santo en el corazón, cómo Dios llena el vaso porque para sentir la presencia de Dios, el hombre debe humillarse, quebrantarse, reconocer sus iniquidades, clamar, pedir perdón. Cuando el perdón llega una lluvia fresca abraza al ser humano, ríos de agua viva lo arrastran a lo inagotable, a lo insaciable. Porque en ese espacio siempre hay necesidad de pedir más y más hasta que el aceite fresco limpie y convierta al pecador en una nueva criatura. No dice pues la Biblia en Isaías 1:18 “Venid luego, dice Jehová y estemos a cuenta; si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos, si fueren rojos, como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Porque él es quien perdona nuestras iniquidades, el que sana todas nuestras dolencias y como señala el salmo 103: 3,10,12, “El”, ¿Quién es él?, Dios. Efectivamente, Dios no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Cuanto está lejos el oriente del occidente, dice la Biblia, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Si en estos días entendiéramos el verdadero significado del amor le daríamos un gran valor el término del perdón, porque para Dios el perdón es vital cuando se quiere valorar cuan grande son los afectos que siente hacia el hombre. “Y serán para mi especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día que yo actúe, y los perdonaré como el hombre que perdona a su hijo que le sirve” Malaquías 3:17. Debe pues el hombre volver los ojos hacia el perdón de Dios y el amor de Jesucristo. Tiene pues la iglesia que llenarse de este sentimiento para fortalecerse en la unidad, en la sanidad, en el gozo, en la santidad, en la prosperidad y en el profundo amor ágape que debe reinar en cada corazón. En medio de circunstancias tan especiales, llamo a valorar lo que Jesucristo hizo por la humanidad, él dio su vida por cada uno de nosotros para otorgar el perdón de pecados, para dar amor. ¿Tu, tienes la capacidad de dar amor?, puedes perdonar y o pedir perdón? Dios te bendiga. (Felipe López Pérez /editor general del suplemento cristiano El Arca, La voz del Ejercito de Dios, 11/NOV/09) |
Por Felipe López Pérez
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